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¿Hay solución contra la alergia a las mascotas?

Autor original "La Razon"

Cuando se confirma que el origen de una alergia es el pelaje de la mascota, los dueños suelen mostrar su sorpresa porque el animal no tiene pelo o porque le han asegurado que se trata de una raza hipoalergénica.“Todo esto es falso, ya que los animales sin pelo sueltan caspa, del mismo modo que los humanos con alopecia, y los perros de rizo, aunque liberan menos cantidad, es suficiente para producir alergia a quien esté sensibilizado”, afirma Ignacio García Núñez, jefe del servicio de Alergología de los Hospitales Quirónsalud Córdoba y Campo de Gibraltar.Y es que, según explica la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), en los animales, igual que en las personas, la piel, al ir renovándose, se va desprendiendo poco a poco en forma de escamas microscópicas.“Las secreciones que contienen los alérgenos quedan adheridas al pelo y a la capa córnea de la piel. Al descamarse se originan pequeñas partículas capaces de permanecer flotando en el aire durante largos períodos de tiempo y, cuando son inhaladas, ocasionan síntomas alérgicos en nariz, ojos, y vías respiratorias. Estas partículas caen lentamente y se depositan en el suelo o en el mobiliario; pero, ante pequeños movimientos, vuelven a suspenderse en el aire”, subraya.Por este motivo, el doctor García Núñez mantiene que los pacientes alérgicos a animales notan síntomas nada más entrar en las casas o en los lugares donde los hay, aunque no estén presentes en ese momento. “El pelo también puede causar alergia, pero con menos frecuencia, ya que se deposita en el suelo y no permanece en el ambiente”, agrega.Precisamente, el alergólogo de Quirónsalud destaca que no sólo se ha observado un notable aumento de la prevalencia de la alergia a animales en la última década, y que puede afectar hasta a un 20% de personas asmáticas, sino que consecuencia de las restricciones de movilidad y de que pasamos más tiempo en casa, se han incrementado aún más las consultas a Alergología por esta causa.A su juicio, el problema surge cuando uno de los convivientes comienza a tener síntomas de alergia que afectan a su calidad de vida (rinitis, conjuntivitis, asma, dermatitis…), unos signos por los que se debe consultar con el especialista para intentar frenarlos lo antes posible. Para ello, pide a los pacientes que no tengan miedo de acudir al hospital frente al contagio puesto que los centros sanitarios hoy en día cuentan con circuitos libres de Covid-19, y en concreto los hospitales Quirónsalud Córdoba y Campo de Gibraltar, donde él trabaja, con la certificación ‘Applus+ Protocolo Seguro frente a la Covid-19, “que acredita su cumplimiento de los estándares de desinfección más exigentes en esta pandemia”.Si bien desde la SEAIC defienden que el tratamiento idóneo de un paciente alérgico a un animal es retirarlo de la vivienda y evitar su contacto, aunque esto no siempre es posible debido a la ubicuidad de los alérgenos de animales, y al rechazo de muchos pacientes a deshacerse de ellos, el doctor García Núñez aboga por no echar la culpa de la situación al animal, ni tampoco provocar su salida del domicilio, pues según advierte, “esa pérdida genera ansiedad, ya que se le considera un miembro más de la familia”.Según celebra el experto de Quirónsalud Córdoba y Campo de Gibraltar, en la actualidad existen varias opciones que pueden mejoran la situación: “Se puede indicar un tratamiento médico que temporalmente solucione el problema. La inmunoterapia con alérgenos de animales debe considerarse en personas alérgicas en las que la exposición a animales es inevitable. Pero también se puede prescribir una vacuna determinada frente al epitelio específico. Esta última opción ofrece excelentes resultados y provocará que la convivencia con la mascota sea mucho más gratificante”.Aquí García Núñez reseña que estos tratamientos están especialmente indicados para pacientes cuyo trabajo se relaciona directamente con animales (veterinarios, cuidadores de animales, clínicas de estética animal y biólogos, entre otros), o pacientes cuya afición esté relacionada directamente con el contacto con animales (hípica, por ejemplo).“En ambos grupos obtienen una gran mejoría tras recibir vacuna específica frente al epitelio en cuestión (perro, gato y caballo fundamentalmente). Estas vacunas son perfectamente toleradas por los pacientes y los resultados son evidentes a los pocos meses tras el comienzo del tratamiento, que es curativo”, según celebra.Por otro lado, la SEAIC añade que, aunque hay datos que sugieren un efecto beneficioso de convivir con animales de compañía en edades tempranas sobre la aparición posterior de alergia, los resultados de diferentes estudios “son controvertidos”, y actualmente no se pueden establecer recomendaciones adecuadas en la práctica clínica que pudieran tener un mayor impacto en la incidencia de las enfermedades alérgicas.Ahora bien, en última instancia, el doctor García Núñez llama la atención sobre el hecho de que muchos pacientes piensan que tienen alergia a sus mascotas cuando, en realidad, tras realizarse las pruebas pertinentes se comprueba que la alergia es a los ácaros.“Son numerosas las ocasiones en las que atribuimos erróneamente el origen de los síntomas de la alergia. Es frecuente que venga un paciente enumerando síntomas tras el contacto con su mascota (perro, gato, hámster…) y, lo que en principio podría ser una alergia al pelo del animal descubrimos que se trata de sensibilidad manifiesta a los ácaros del polvo”, advierte el jefe del servicio de Alergología de los hospitales Quirónsalud Córdoba y Campo de Gibraltar.De hecho, sostiene que las mascotas, sobre todo las de pelo largo, “son como escobas”, y a su paso van llevándose las partículas del suelo. “Si, además de ese movimiento añadimos que algunas de ellas tienen más tendencia a ensuciarse, resulta que el paciente está acariciando una masa de ácaros y de polvo doméstico. Gráficamente es como si estuviera abrazando una escoba”, concluye el alergólogo.

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