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La lección de fidelidad de Xiao-Bao

Autor original "La Razon"

Una historia enternecedora que habla de lealtad y de fidelidad. Y que nos recuerda, a su vez, la que protagonizó en la pantalla Richard Gere, «Hachiko». En Wuhan es donde tiene lugar esto que podría pasar por un cuento, pero que es realidad. La ciudad origen de la pandemia ha sido testigo de miles de fallecimientos. Uno de ellos fue el del dueño de un perro, que ingresó en el mes de febrero en el hospital Taikang, víctima de la COVID-19. El can, un mestizo de siete años, se trasladó al centro acompañando a su amo a esperar que volviera a salir por la puerta recuperado. Las primeras pruebas al paciente no dejaron lugar a la duda: tenía coronavirus y debía quedar ingresado. Cinco días después falleció como consecuencia de una neumonía.Mientras, el animal esperaba en el vestíbulo, como había hecho desde el día en que llegó. Pasaba la mayor parte del tiempo recostado esperando ver de nuevo a su dueño. Otras, trataba de buscarle por los pasillos, como si fuera un residente más, lo que empezó a ocasionar algunas quejas por parte del personal sanitario y de los pacientes, que no consideraban que fuera lo más higiénico tener a un animal deambulando por el centro. Decidieron, entonces, alejarlo, con trucos como darle algo de comida o simplemente llevándolo a otro sitio; sin embargo, él regresaba cada día. Por muy lejos que le trasladaran acababa por volver para esperar a su dueño, un hombre de mediana edad que jamás le habría abandonado.Había, pues, que tomar una decisión sobre el futuro de Xiao-Bao, el nombre con el que rebautizó al perro Wu Cuifeng y que significa «pequeño tesoro». Ella, otra de las protagonistas de esta historia, es la dueña de un pequeño supermercado de barrio situado en la primera planta donde se levanta el centro hospitalario, que al visitar Taikang conoció la enternecedora historia. Wu Cuifen ha explicado a «The New York Post» que el animal «nunca salió del hospital. Se comportó de una manera increíblemente leal. Primero me familiaricé con él y, después, lo traje a la tienda para que no estuviera solo y con la esperanza de que pudiera olvidar a su amo. Cada mañana, cuando abría, Xiao-Bao estaba allí esperándome, hasta que me despedía al final de cada día». Pero nunca se iba a casa. Un día tras otro volvía al hospital con la esperanza de ver a su dueño, aunque eso es imposible que sucediera. «Aunque Xiao-Bao no puede hablar entendemos a través de su manera de comportarse que sigue buscando y añorando a su dueño. Su fidelidad nos enternece», dijo.Al recuperar el centro hospitalario la actividad normal las quejas sobre la presencia del perro fueron en aumento. La solución pasaba por una protectora de animales y que desde allí fuese adoptado por una familia que se pudiera hacer cargo del fiel animal. Como pueden imaginar, las solicitudes para buscar un nuevo hogar a Xiao-Bao se han multiplicado de manera exponencial y hay una lista de espera larga para quedarse con él. Sobre lo que existen dudas es si volverá cada día al hospital cuando conviva de nuevo con un núcleo familiar. El animal goza de una estupenda salud y está vacunado. El siguiente paso es encontrar un nuevo hogar para este mestizo de siete años que ha dado una lección de fidelidad en estos tan convulsos tiempos.

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